Había una vez una niña que sabía que era diferente a las demás...
Le encantaban las historias de amor distintas y poco convencionales, como la de la Bella y la
Bestia; o la de Jack y Sally de "Pesadilla antes de Navidad". E incluso en "El jorobado de Notre
Dame" no entendía que Quasimodo no se quedara con Esmeralda.
Al ser una niña soñadora siempre acababa enamorándose del mismo tipo de protagonistas. Personajes que nada tenían que ver con el típico héroe, que se sentían diferentes, pero que sin embargo a ella le atraían, cuando para cualquier otra niña habrían pasado totalmente desapercibidos.
Y al crecer, esa fascinación pasó al mundo real. Anhelaba una persona así, como ella, que huyera de lo convencional, que se fijara de otro modo en los demás. Una persona con la que conectar realmente, con la que vivir un amor que dejaría huella y que, como en sus peculiares cuentos de hadas, sería para siempre.
Un día, la ya no tan niña decidió emprender su búsqueda para encontrar a esa persona. Pero al ser
tan diferente, no sólo tenía el problema de buscar a la adecuada, sino que además dicha persona pudiera fijarse en ella.
Primero observó su entorno... y se percató de que, al ser algo reducido, no había nada para ella. Así
que decidió emprender un largo viaje y así ampliar sus posibilidades. Un viaje que, además, la
ayudó a conectar consigo misma, a descubrir de lo que era capaz y a valerse por si sola. Y sin
embargo, pese a conocer a personas increíbles y distintas a lo que le rodeaba, seguía sin cruzarse con esa alma que también la encontrara a ella.
Hasta que un día, sin previo aviso, le encontró. Aunque en realidad, se encontraron mutuamente. A ella le bastaron apenas unas horas para percatarse de que él era la persona anhelada, pues sentía que ya le conocía de antes. Hubo una intensa conexión entre ambos, desde el primer momento.
Siguieron conociéndose, y sucedió lo inevitable, ella se enamoró perdidamente. No podía dejar de pensar en él ni en un solo momento. El resto del mundo desapareció, y sólo quedaron ellos dos. Nada más importaba para ella.
Y aunque algunos cuentos dan un giro inesperado y sucede algo que provoca que los enamorados se
alejen, pese a que finalmente superen todos los obstáculos, el que nos atañe es mucho más sencillo,
pues nuestros protagonistas siguieron juntos y, al igual que en este tipo de relatos, llegó el día de su boda.
No hicieron falta juramentos, ni promesas. La complicidad entre ambos bastaba para saber lo que sentía el otro. Expresarlo con palabras carecía de importancia en aquel instante.
De repente, se paró el tiempo. La niña, ya convertida en mujer, sintió mariposas en el estómago al recordar el día en que se habían conocido y revivir las emociones de aquellos primeros momentos. Entonces sonrió, le miró a los ojos y tan sólo le dijo:
"Te quiero".
Y, simplemente, fue perfecto.
Al ser una niña soñadora siempre acababa enamorándose del mismo tipo de protagonistas. Personajes que nada tenían que ver con el típico héroe, que se sentían diferentes, pero que sin embargo a ella le atraían, cuando para cualquier otra niña habrían pasado totalmente desapercibidos.
Y al crecer, esa fascinación pasó al mundo real. Anhelaba una persona así, como ella, que huyera de lo convencional, que se fijara de otro modo en los demás. Una persona con la que conectar realmente, con la que vivir un amor que dejaría huella y que, como en sus peculiares cuentos de hadas, sería para siempre.
Un día, la ya no tan niña decidió emprender su búsqueda para encontrar a esa persona. Pero al ser
tan diferente, no sólo tenía el problema de buscar a la adecuada, sino que además dicha persona pudiera fijarse en ella.
Primero observó su entorno... y se percató de que, al ser algo reducido, no había nada para ella. Así
que decidió emprender un largo viaje y así ampliar sus posibilidades. Un viaje que, además, la
ayudó a conectar consigo misma, a descubrir de lo que era capaz y a valerse por si sola. Y sin
embargo, pese a conocer a personas increíbles y distintas a lo que le rodeaba, seguía sin cruzarse con esa alma que también la encontrara a ella.
Hasta que un día, sin previo aviso, le encontró. Aunque en realidad, se encontraron mutuamente. A ella le bastaron apenas unas horas para percatarse de que él era la persona anhelada, pues sentía que ya le conocía de antes. Hubo una intensa conexión entre ambos, desde el primer momento.
Siguieron conociéndose, y sucedió lo inevitable, ella se enamoró perdidamente. No podía dejar de pensar en él ni en un solo momento. El resto del mundo desapareció, y sólo quedaron ellos dos. Nada más importaba para ella.
Y aunque algunos cuentos dan un giro inesperado y sucede algo que provoca que los enamorados se
alejen, pese a que finalmente superen todos los obstáculos, el que nos atañe es mucho más sencillo,
pues nuestros protagonistas siguieron juntos y, al igual que en este tipo de relatos, llegó el día de su boda.
No hicieron falta juramentos, ni promesas. La complicidad entre ambos bastaba para saber lo que sentía el otro. Expresarlo con palabras carecía de importancia en aquel instante.
De repente, se paró el tiempo. La niña, ya convertida en mujer, sintió mariposas en el estómago al recordar el día en que se habían conocido y revivir las emociones de aquellos primeros momentos. Entonces sonrió, le miró a los ojos y tan sólo le dijo:
"Te quiero".
Y, simplemente, fue perfecto.